La inclusión como pilar fundamental en la formación docente

by Rafael Paulino
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No me podía caer, yo debía ser un ejemplo para mi familia, mi comunidad y mis compañeros de trabajo…”
Corrían los años 90 cuando la profesora Águeda María Peña Solís quedó muy afectada emocionalmente, luego de haber padecido un infarto ocular que la dejó con una baja visión que le hizo prorrogar la rutina de sus acostumbradas jornadas.

Sin embargo, para Águeda esto no fue un estorbo permanente para continuar con los afanes de su vida y el objetivo de lograr ser la maestra comprometida que es.

Hoy, la maestra, psicóloga de formación, se desempeña como coordinadora de área docente del Recinto, Juan Vicente Moscoso del Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña, ISFODOSU.

Aunque uno de sus mayores retos fue tener que enfrentar los constantes rechazos y actitudes negativas de su entorno cercano, sabía que esa dificultad visual no era una piedra para seguir desarrollando su labor.
“No hay limitaciones, mi actitud positiva me ha permitido lograr el éxito y no debemos dar espacio a otras personas para que tomen decisiones por nosotros. Demostremos nuestras capacidades, pero, primero tenemos que creérnoslo y mantener la humildad”, enfatiza Águeda.
Lo más difícil para ella ha sido tener que depender de terceros para trasladarse de un lugar a otro, pero, la actitud positiva y la firmeza de su carácter la ayudaron a tomar decisiones acertadas para poder afrontar una nueva realidad y forma de vida.
“Mi formación como psicóloga y atención a la diversidad, fueron claves para aceptar mi nueva condición, yo debía ser un ejemplo para mi familia, mi comunidad y mis compañeros de trabajo”, expresó.

La maestra recomienda que el trato hacia las personas con alguna discapacidad, es la creación de espacios con menos obstáculos para que se puedan movilizar con facilidad, así como la creación de adaptaciones curriculares, tanto para docentes como para estudiantes.
Plantea que es fundamental recibir un trato igualitario y equitativo como personas útiles y sin sobreprotección, para no lacerar su autoestima.
Se define como una persona afable, cariñosa, colaboradora, fiel, discreta, entregada y con alta vocación de servicio.
“No le veo importancia a no enseñar a los demás lo que una sabe, por eso comparto mis triunfos con mis compañeros, mis estudiantes y mi familia, que son el centro de mi vida”, precisó Águeda.
Su tiempo de ocio lo pasa con sus familiares y amigos. Disfruta de ver una buena película, ir al acuario, escuchar música, cuidar de sus plantas y de sus mascotas. La lectura, que es su pasatiempo por excelencia, la disfruta a través de los formatos de audiolibro.
Águeda Peña cuenta con una maestría en neurociencia y aprendizaje, desarrollo en destrezas de pensamiento sociopedagógico y otras especialidades. Es madre, esposa y educadora a tiempo completo tanto desde su casa como en el recinto del ISFODOSU en San Pedro de Macorís, Juan Vicente Moscoso.

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