Félix Aquino Beltré, graduado de honor del UM: “Les invito a sentirse orgullosos de sí mismos, de su arduo trabajo y de su compromiso con la calidad educativa y la sociedad en general”

por Rafael Paulino
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Discurso pronunciado en el Acto de Graduación Ordinaria en San Juan 2025.

Para mí es más que un placer dirigirme a ustedes en este momento tan especial, un día en el que la alegría, la gratitud y el orgullo se entrelazan para darnos la certeza de que todo esfuerzo tiene su recompensa. Este es un momento que quedará grabado en nuestra memoria, no solo por el título que recibimos, sino también por la experiencia de vida que hemos compartido en este trayecto académico.

Inicio esta disertación agradeciendo a Dios, fuente de toda sabiduría y fortaleza, quien nos ha dado la luz y la perseverancia necesarias para llegar hasta aquí. A él dedicamos este triunfo, porque sin su guía no hubiésemos tenido la fuerza para vencer los desafíos del camino.

De igual manera, agradezco a nuestros familiares, que con paciencia y amor incondicional nos impulsaron a continuar. A nuestros maestros, que con su entrega nos compartieron no solo conocimientos, sino también valores, principios e inspiración para ser mejores cada día. Y, por supuesto, a mis compañeros y amigos, con quienes compartimos desvelos, risas, incertidumbres, alegrías y logros, forjando vínculos que trascienden más allá de las aulas. A todos ustedes, nuestro más sincero agradecimiento, porque este triunfo también les pertenece.

Remontándonos al comienzo de nuestra formación, recordamos los inicios de este camino, llenos de expectativas, sueños, deseo de superarnos y de encontrar en la educación una oportunidad para crecer personal y profesionalmente. Poco a poco, a través de cada clase, práctica y experiencia compartida, fuimos aprendiendo el conocimiento sobre los contenidos curriculares y el verdadero significado de ser docentes: asumir la responsabilidad de formar personas, inspirar aprendizajes y dejar huellas en la vida de nuestros estudiantes. Comprendimos que ser maestro implica paciencia, creatividad, vocación de servicio y la capacidad de adaptarse a las diversas realidades de los niños y jóvenes. Cada paso de esta formación nos permitió convertirnos en profesionales competentes, conscientes de nuestro impacto en la sociedad. Esto, gracias en gran parte al papel de las prácticas docentes, las cuales se organizan en dos bloques, el primero la práctica, que nos indujo y nos dió la oportunidad de interactuar y tener nuestros primeros acercamientos a la profesión desde contextos reales, el aula, los centros educativos y sus comunidades. Y el segundo la pasantía, donde perfeccionamos la gestión del aula en el ambiente educativo, desarrollamos aprendizajes sobre la investigación y la producción de una propuesta de mejoras, esta vez desde nuestra propia práctica.

A lo largo de la formación tuvimos muchas experiencias en las aulas que nos marcaron profundamente. Cada proceso de interacción e intervención nos permitió descubrir nuestras fortalezas, superar nuestras dudas y despertar en nosotros un interés genuino por la enseñanza. Esto nos recuerda que la educación no se reduce a un título o un diploma. Es mucho más que eso: es una herramienta poderosa capaz de transformar nuestras vidas y, sobre todo, las vidas de los estudiantes que acompañaremos en el camino. Esto nos invita a vivir la enseñanza con compromiso, a no conformarnos con lo aprendido, y a ser agentes de cambio que generen oportunidades en cada comunidad.

Mediante los procesos desarrollados, hemos sido preparados como docentes de calidad, con competencias epistémicas, comunicativas tanto en español como en inglés, (Diplomado Intensivo para Docentes DIID) pedagógicas y prácticas (ya relevada en párrafos anteriores), científicas (a través de los semilleros, congresos, seminarios y proyectos de investigación) y tecnológicas (diplomados en Tecnología educativa), pero sobre todo con los valores necesarios (Diplomado en Neuroética, Valorar Ser) para responder a los retos de la sociedad actual, para desempañar con decoro esta excelsa profesión. La sociedad espera que seamos maestros íntegros, críticos y comprometidos, capaces de educar con excelencia, sensibilidad y sentido ético, contribuyendo al desarrollo de un futuro más justo y equitativo.

Hoy es un día de celebración, de orgullo y de reflexión para cada uno de nosotros, después de años de esfuerzo y dedicación, hemos llegado a este momento tan importante en nuestras vidas. Momento que nos ha permitido crecer como profesionales de la educación, fortalecer nuestra vocación de servicio y reafirmar el compromiso de formar a las futuras generaciones con responsabilidad y entrega. Esta formación de grado y postgrado nos ha permitido adquirir nuevas herramientas pedagógicas, ampliar nuestra visión crítica, reflexiva y transformadora, y, sobre todo, reafirmar que educar no es sólo compartir conocimientos, sino también inspirar, guiar y sembrar valores que trasciendan en la sociedad.

Un aspecto que ha sido verdaderamente significativo durante todo este proceso es comprender que un maestro debe dejar huellas. Según Mendieta (2023) las huellas son esas marcas imborrables que los docentes dejan en la vida de sus estudiantes, no solo a través del conocimiento, sino también mediante los valores, el ejemplo y la inspiración que transmiten. Un verdadero maestro es guía, acompañante y muchas veces la esperanza que abre caminos en medio de las dificultades.

Dejar huellas es un privilegio y una responsabilidad. Cada palabra, gesto y enseñanza puede marcar la vida de un estudiante, por lo que es fundamental que estas huellas sean siempre positivas. Significa inspirar confianza, motivación y amor por el aprendizaje, cultivando valores que acompañen al alumno mucho más allá del aula. Cuando un maestro deja huellas positivas, siembra semillas que transformarán vidas, fomentando en los estudiantes la capacidad de soñar, crear y enfrentar desafíos con ética y resiliencia.

Dejar huellas, es entonces, asumir que cada palabra, cada gesto y cada enseñanza pueden ser la chispa que despierte talentos, que transforme vidas y que a largo plazo construya una sociedad más justa y humana.

Por otro lado, quiero exhortar a que no nos quedemos estancados en este peldaño. Debemos seguir investigando, perfeccionando nuestro accionar pedagógico, continuar con estudios de maestría y, quienes ya la poseen, avanzar hacia un doctorado u otras especialidades. La sociedad cambia de manera constante, y con ella también cambian los estudiantes y sus necesidades. Un claro ejemplo es la tecnología, la inteligencia artificial (IA) que ha revolucionado la educación. Por lo que insto a no resistirnos a ella, sino más bien aprender con ella y asumirla como una gran aliada para enriquecer nuestra práctica docente y utilizarla con ética.

Les invito a igual que yo, a sentirse orgullosos de sí mismos, de su arduo trabajo y de su compromiso con la calidad educativa y la sociedad en general. A mantener en alto el nombre de nuestra institución, ISFODOSU, Recinto Urania Montás. Recuerden que son capaces de lograr cualquier cosa que se propongan.

¡Felicidades, colegas! ¡Qué nuestro futuro sea brillante, exitoso y lleno de logros increíbles! ¡Qué este paso sea solo el comienzo de una vida llena de propósito, pasión y éxito!» Y como bien expresó el escritor Paulo Coelho “Sólo una cosa convierte en imposible un sueño: el miedo a fracasar”

¡Felicidades graduados! ¡Muchas Gracias!

Félix Aquino Beltré, graduado de honor del Recinto Urania Montás. Licenciatura en Educación Primaria Segundo Ciclo.

Martes 7 de octubre, 2025.

RL

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