Coordinadora de Educación Inicial del ISFODOSU afirma que los docentes de Primer Ciclo son los alfabetizadores

por Rafael Paulino
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La Coordinadora de Pedagogía de Educación Inicial y Primer ciclo de Primaria del Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña, ISFODOSU, Navia Teresa Peña Luna conversó sobre la importancia de la formación de docentes alfabetizadores para el Primer Ciclo de Educación Primaria, en una entrevista realizada por el Multimedio Educativo y Cultural, EDUMAS.

La Mtra. Peña dijo que cuando un niño no aprende a leer a tiempo, presenta dificultades en su trabajo y por esto, es importantísimo que la sociedad dominicana cuente con docentes especializados en automatización para asegurar que esa base de aprendizaje se adquiera en los primeros años de estudios.

Explicó que los niños desde el primer al tercer grado que es el primer ciclo de educación primaria deben están en proceso de cierre de la alfabetización, que conlleva saber leer, escribir, contar, realizar sumas básicas, entre otras actividades.

Peña recomendó a los padres ayudar a los maestros realizando procesos que el niño pueda llevar a su ritmo con ellos, como practicar la escritura, leer cuentos, letreros, hacer ejercicios juntos para escribir cartas, buscar cosas que le llamen la atención y que el niño vea para qué se utiliza la lengua escrita.

“En todos lados hay letras y palabras, hasta en etiquetas de latas y es bueno que se familiaricen con textos completos”, agregó la coordinadora.

Dijo que un niño está biológicamente listo para alfabetizarse a partir de los cinco años y que, en las etapas anteriores los maestros se dedican a estimular a los niños y hay casos que si estos están bien estimulados, ya a sus tres y cuatro años, leen y algunos escriben también.

“Se estimula la capacidad para pensar físicamente, se va desarrollando también conciencia fonológica, todo lo que son habilidades de comprensión. Por ejemplo, que yo le haga un cuento y el niño entienda qué fue lo que ocurrió, quiénes son los personajes, qué pasó al inicio, qué pasó en el medio, qué pasó al final”, explicó Peña.

Reconoció que es un reto para un docente cuando tiene entre 30 y 35 estudiantes en un aula y poder llevar a cada uno a su ritmo e intervenir para que avance de una etapa a la siguiente.

La coordinadora agregó que hay niños que leen mucho y no escriben, pero también hay niños que escriben y que no leen. Precisó que hay que tener claridad de cómo funciona ese mecanismo y tomar en cuenta ese proceso de atención y esas necesidades específicas de aprendizaje, para que esa laguna no se convierta en un océano, porque eso va a ser lo peor cuando el estudiante llegue al quinto o sexto grado.

“El maestro debe ser capaz de reconocer si el estudiante está leyendo o memorizando, ya que cuando el niño lee el mismo libro y se le repite mucho, ya reconoce la página y se aprende el texto. Por esto, es bueno variar los textos y los libros”, precisó la Mtra. Peña.

EC

 

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