Discurso de la estudiante del Recinto EMH, Angelis Sánchez para Graduación Ordinaria ISFODOSU – Santo Domingo 2025

por Rafael Paulino
245 vistas

«Gracias a nuestros docentes, guías incansables: por exigirnos, por acompañarnos y por enseñarnos también con el ejemplo”

Hoy me toca hablar en nombre de una promoción que aprendió a enseñar en tiempos retadores. Y lo hago con gratitud, con orgullo y con la esperanza encendida. Les hablo, con humildad y profunda emoción en nombre de todos los que, como yo, culminamos una importante etapa de nuestras vidas en este día tan especial.

En primer lugar, damos gracias a Dios, fuente de sabiduría y fortaleza. A Él encomendamos cada esfuerzo, cada amanecida, cada examen y cada práctica que hoy se convierten en esta alegría compartida.

Gracias al ISFODOSU, a sus autoridades y a toda la comunidad universitaria. Aquí no solo adquirimos conocimientos: aquí aprendimos a servir. Nos marcaron experiencias que nos diferencian: las prácticas docentes que nos pusieron temprano frente a la realidad del aula; la Tecnología Educativa que nos enseñó a integrar la innovación con sentido pedagógico; el Inglés que amplió nuestras oportunidades; y programas como Valora Ser y Educación Constitucional que nos recordaron, todos los días, que educar es formar ciudadanos íntegros.

Gracias a nuestros docentes, guías incansables: por exigirnos, por acompañarnos y por enseñarnos también con el ejemplo. Y gracias a cada colaborador y colaboradora que, con trabajo silencioso, hizo posible la vida académica en los recintos.

A nuestras familias: gracias por creer en nosotros, por las palabras de aliento cuando el cansancio asomaba, por el café a deshoras y por ser ese sostén y apoyo que siempre llega a tiempo.

Y a mis compañeros y compañeras: gracias por las risas, los trabajos en equipo, las dudas compartidas y las pequeñas victorias cotidianas. Con ustedes aprendí que la educación se construye en comunidad.

Hubo capítulos que nos marcaron. La pandemia nos obligó a desaprender y volver a aprender: dar clases por una pantalla, reinventar estrategias, cuidar lo emocional. Descubrimos que la educación es más fuerte cuando es más humana. De ese cruce entre dificultad y esperanza nació una vocación más firme: ser docentes que no se rinden.

Permítanme contarles una breve fábula.

En un pueblo junto al mar había un gran faro. Su luz fija y poderosa guiaba a los barcos de noche. Unas luciérnagas, al verlo, dijeron: “¡Qué envidia, todos admiran tu brillo!”. El faro respondió: “Mi luz es grande, sí, pero no me muevo; ustedes, con su pequeña luz, pueden llegar a lugares donde yo jamás alumbraré”. Aquella noche, mientras el faro cuidaba el horizonte, las luciérnagas llevaron claridad a patios, caminos y ventanas, recordándonos que no importa el tamaño de la luz, sino a cuántas vidas llega.

Así somos los y las docentes, como las luciérnagas: quizás no siempre seremos un faro visible, pero cada día, con pequeñas luces, transformamos lo que tocamos. Entramos al aula y decimos: aquí se puede, aquí se aprende, aquí vale la pena intentarlo otra vez.

Si hablamos de luces, miremos con honestidad la noche que estamos llamados a alumbrar. Los datos que a continuación les presento no son para desanimarnos, son para orientarnos y hacernos más conscientes de nuestro compromiso: en PISA 2022, nuestros estudiantes de 15 años promediaron 339 en Matemáticas, 351 en Lectura y 360 en Ciencias, y —lo importante— mejoramos respecto a nuestros resultados de 2018. Es un mapa claro: todavía lejos de la meta, pero avanzando, y ahora nosotros seremos quienes sostengamos ese avance desde cada aula.

Este año, también vimos señales que nos exigen redoblar el empeño: en la primera convocatoria de Pruebas Nacionales 2024, el 74 % de los estudiantes fue promovido. Detrás de ese porcentaje hay nombres, historias y brechas que podemos cerrar con buenas prácticas, acompañamiento y altas expectativas. Ahí está el territorio donde debemos encender nuestras pequeñas luces y hacer la diferencia.

Y ahora, ¿qué sigue? ¿Qué significa encender la luz que nos toca?

Significa, asegurar aprendizajes fundamentales: que nuestros estudiantes lean con comprensión, razonen en Matemáticas y expliquen el mundo con Ciencias; usar evidencias de aula, compartir lo que funciona y corregir rumbos a tiempo. Y, desde la Educación Física, sumar lo corporal y el juego como estrategias que mejoran la atención, la autorregulación y el trabajo en equipo, al servicio de todas las áreas.

Significa, no dejar a nadie atrás: adaptar, acompañar e incluir para que el origen no determine el destino.

Significa, honrar la confianza pública: responder con servicio transparente y de calidad a la beca y a la formación que recibimos, fortaleciendo con nuestro trabajo la mejora de los aprendizajes de los niños, niñas y jóvenes de las escuelas públicas dominicana.

Significa seguir aprendiendo siempre: investigar nuestra práctica, abrir la puerta del aula para observarnos, y volver cada día con mejores preguntas y nuevas estrategias. Que cada uno de nosotros sea un aprendizaje en movimiento: observar, ajustar, compartir y volver a intentar.

Significa ser un referente de ética. Que donde estemos: en aula, en gestión o en investigación; en el sector público o privado, nos distinga el respeto, la responsabilidad y la coherencia.

Significa ser luciérnaga. La República Dominicana que soñamos y necesitamos no se decreta: se educa. Y en esa tarea, nosotros elegimos ser parte.

Hoy no termina nada: hoy comienza una misión. Que se note que somos ISFODOSU cada vez que abramos una puerta, acompañemos un proceso o encendamos una chispa de curiosidad. Que nuestra firma sea un aula donde todos cuentan, donde el error enseña y donde el futuro se escribe con esfuerzo y alegría.

Gracias, ISFODOSU. Gracias, familias. Gracias, docentes y colaboradores. Gracias, compañeros y compañeras, por este camino compartido.

Que Dios nos siga iluminando para ser, en cada escuela de este país, esas luciérnagas que hacen más habitable la noche.

¡Muchas gracias!

Te podría interesar