Gianny Daniela Gutiérrez García, graduada de honor del Recinto EPH – “Cada asignación realizada, retroalimentación y sugerencias recibidas construyeron en nosotros una parte del perfil necesario en las aulas del país”

por Rafael Paulino
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Todo el esfuerzo realizado ha valido la pena. No habrá otro 30 de octubre en el que cobre tanto sentido para nosotros la frase de Luis García Montero: «la vida tiene menos que ver con los inicios que con la dignidad de los finales” y ¿qué más digno que recibir el reconocimiento de haber completado la meta? La satisfacción de llegar hasta aquí con el sacrificio de las familias, los nervios de enfrentarse a exigencias desconocidas, el dolor de perdernos fiestas y salidas…Tras superar las crisis con los compañeros, dificultades técnicas, dudas en los parciales y algunas calificaciones, lo hemos logrado, ¡al fin!

Durante estos años tuvimos la oportunidad de fortalecer talentos a la par de los conocimientos y desarrollo crítico de nuestras mentes. Nuestra participación en actividades que nos retaron a reconstruir la realidad en un lenguaje didáctico nos permitió comprobar que sí podemos contribuir al crecimiento de los estudiantes y por tanto, a la educación dominicana de manera general. Cada asignación realizada, retroalimentación y sugerencias recibidas construyeron en nosotros una parte del perfil necesario en las aulas del país, no obstante, construir el resto es aún tarea pendiente.

Más allá de los logros personales también celebramos la importancia de una compañía adecuada e inspiradora. Por lo que una forma de crecer y complementarnos es aprender a mirar para identificar los mejores ejemplos a seguir. Algunos tendemos a la Individualización, sin embargo, el proceso formador nos ha demostrado que nuestros modelos pueden estar sentados en la silla de al lado dispuestos a colaborar aportando otras perspectivas y enriqueciendo las nuestras. De todos ellos aprendimos la importancia de valorar las diferencias y la sensibilidad ajena para cultivar la empatía.

La experiencia que hemos obtenido no puede ser otra cosa que el combustible para alzar la llama de cambio en nuestras aulas. El compromiso que aceptamos no será un terreno llano y las calificaciones que alcanzamos no son garantía de éxito en nuestro trabajo. Por tanto, es imprescindible que abracemos la tarea de educar como un intento constante y a veces incierto. La clave para mantener el ánimo en esta ardua labor es la fe en la educación, dudar es perder la oportunidad de realizar contribuciones.

Las responsabilidades de un mentor son numerosas, no obstante, grandes maestros como Freire, Montessori y Borges, incluso separados por el tiempo y la nacionalidad coincidieron en que educar se trata de guiar e inspirar a los estudiantes a través de la reflexión en lugar de transmitirles todo lo que sabemos. Esta concepción lejos de acomodarnos, nos exige gran equilibrio y coherencia en cada sesión de clase.

Después de tantas vivencias y batallas ganadas, es propicio agradecer a quienes fueron parte integral de la culminación de este proceso formativo: a Dios, nuestro más alto guía; a las familias por ser un soporte ideal e incluso por sus sacrificios, a esta alta casa de estudios, que para muchos hoy se convierte en alma mater, por reconocer las capacidades de cada uno y ofrecernos la oportunidad de crecer.

Asimismo, a los maestros que han sido educadores de excelencia, de ellos recordamos su pasión, compromiso y, sobre todo, paciencia; a todo el equipo administrativo y personal de apoyo por toda su asistencia y seguimiento en el cumplimiento de nuestro rol como estudiantes y por brindarnos espacios adecuados para el estudio. A nuestros compañeros y amigos por su apoyo y por escuchar, y a veces hasta compartir, todas nuestras quejas.

Hoy, al pensar en los días sucesivos recuerdo a Walt Whitman quien con sencillas palabras nos exhorta a aprovechar el tiempo y «disfrutar del pánico de tener la vida por delante». No se trata de una ironía o una paradoja vacía, sino de vivir aprovechando incluso nuestros miedos, así como lo hicimos desde la primera asignatura hasta este día. La incertidumbre que nos acompañará cada vez que emprendamos algo nuevo no será más que una clara señal de lo importante que es nuestro camino y la forma en que lo recorremos.

Finalmente, les invito a dedicar todo su talento, capacidades y energía para dar lo mejor de sí de forma única. Tal como insta el maestro Borges «Que cada hombre construya su propia catedral», una hecha de pasión, paciencia y perseverancia en nuestro camino al éxito.

¡Muchas gracias!

GG

 

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